Siguen pasando los días, las clases y los momentos
que quedarán en nuestra memoria para el resto de nuestras vidas. Momentos como
el primer beso, la primera disputa, la primera entrevista de trabajo, el primer
medio desnudo o el primer cuento para dormir (o para no dormir, depende de los
casos).
Nuestro cuerpo empieza a hablar por si solo,
arrastrándose por el suelo, por una pared o fingiendo que tenemos una pared
donde solo el aire nos sujeta. Bailando al son de la música y las claves que
nos marcan el tempo de nuestros movimientos. La respiración acompasada y la voz
colocada en su sitio.
El cansancio y el frío cuestan las primeras bajas
del curso, algunos intentan sobreponerse y estar en clase (por lo menos de
oyentes) para otros es demasiado y se quedan en casa hasta que pase la tormenta
y puedan volver al 100%. La dureza de algunas clases tiene sus consecuencias,
agujetas, lesiones, dolores, gritos y lágrimas que simbolizan el duro camino
que hay por delante de nosotros.
Frases célebres que quedarán para la posteridad
(como: “Tetas” o “¿Habéis ido al teatro?”), deberes que nos hacen llorar a moco
tendido en el cine, comparaciones interminables con el sexo, todo es igual que
el sexo (y es verdad ¿o será que queremos que el sexo tenga todas las cosas
buenas de todo?)…
Nuestro primer trabajo, nuestra primera
“actuación”, los primeruchos dan un golpe en la mesa con una gran participación
en la lectura del Don Juan Tenorio en el cementerio para la noche de Halloween.
Pero el camino no ha hecho más que comenzar mas no
hay camino difícil si tienes con quien compartirlo, no hay obstáculo imbatible
si tienes con quien afrontarlo y no hay sendero solitario si sabes oler el
aroma del teatro.
No
hay futuro más notorio
que
el que empieza con Don Juan Tenorio
y
no hay reto en el horizonte
que
un primerucho no afronte.
